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domingo, 29 de abril de 2018

DECESO P. FRANSCISO CHAMBERLAIN



Estamos de duelo. El padre FRANCISCO CHAMBERLAIN  ha fallecido hoy domingo. Pesar en Ayacucho por su recordada labor social y rol en la MCLCP.

Fuente: Facebook Jesuitas del Perú

Compartimos la noticia del fallecimiento de nuestro hermano P. Francisco Chamberlain SJ, sucedido esta mañana, luego de toda una vida entregada con gran generosidad al Señor y al Perú. Lo recuerdan con especial cariño en Ilo, El Agustino (Lima) y Ayacucho. Será velado desde las 6.00 pm en la Parroquia La Virgen de Nazaret de El Agustino. Su funeral será el martes 1° de mayo a las 10.00 am en la misma Parroquia. Unidos en la esperanza de la resurrección.

Por su parte el Observatorio Socio Eclesial Signos de los Tiempos en diciembre de  2014 informaba:

P. Chamberlain, hijo predilecto de Huamanga y defensor de los DD.HH

El P. Francisco Chamberlain fue declarado “Hijo predilecto de la ciudad de Huamanga”, por la Municipalidad de esa provincia el día 8 de diciembre; y el Día internacional de los Derechos Humanos, 10 de diciembre, recibió un reconocimiento especial por su compromiso en la promoción y defensa de los derechos humanos y de una cultura democrática, por el Movimiento ciudadano por los Derechos Humanos de Ayacucho “para que no se repita”, reconocimiento realizado en el Centro Cultural de la UNSCH. “El Perú me ha dado vida”, fueron las palabras de agradecimiento del padre Francisco Chamberlain SJ ante el reconocimiento recibido. Actual Coordinador Regional de la Mesa de Concertación para la Lucha contra la pobreza manifestó que “sin una cultura democrática tampoco funciona la lucha contra la pobreza”, de ahí todo su esfuerzo por promover este espacio con la mayor participación ciudadana posible. Francisco Chamberlain Hayes nació en Chicago, Estados Unidos, hace 77 años. Sacerdote jesuita con una clara opción por los pobres desde un compromiso transformador de la realidad; uniendo fe y vida; servicio de la fe y promoción de la justicia. Vino al Perú, se nacionalizó peruano. Ha vivido desde la década de los 70 en el Perú: 3 años en Arequipa y Puno, 28 años en El Agustino (Lima), 8 años en Ilo (Moquegua) y ya lleva 7 años en Huamanga (Ayacucho).
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domingo, 22 de abril de 2018

NUESTRA MADRE TIERRA



Reconociendo que la Tierra es nuestro hogar y resaltando la necesidad de promover la armonía con la naturaleza y el planeta, en abril de 2009 la Asamblea General de la ONU designó el 22 de abril como Día Internacional de la Madre Tierra. Al proclamar esta fecha la Asamblea reconoció que “Madre Tierra” es una expresión común en varios países y regiones, reflejando la interdependencia que existe entre los seres humanos, otras especies y el planeta que habitamos. Así lo que antes denominábamos como el “Día de la Tierra” ahora tiene la segunda denominación gracias a una propuesta boliviana encabezada por Evo Morales.  

La Tierra tiene fiebre, necesita medicina y un poquito de amor que le  cure la penita que tiene. La Tierra tiembla, llora se duele del dolor más doloroso y es que piensa que ya no la quieren. Y es que no hay respeto por el aire limpio. Y es que no hay respeto por los pajarillos. Y es que no hay respeto por la tierra que pisamos. Y es que no hay respeto ni por los hermanos. Y es que no hay respeto por los que están sin tierra. Y es que no hay respeto y cerramos las fronteras. Y es que no hay respeto por los niños chiquininos. Y es que no hay respeto por las madres que buscan a sus hijos…

La anterior es letra del grupo Bebe y pinta de cuerpo entero la real situación de nuestro planeta. Se han hecho cumbres, se han generado diversidad de convenios para protegerla, pero nada. Es momento de bajarle la fiebre a la Tierra.

Publicado en "Correo" - Ayacucho (17-04-18)





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domingo, 1 de abril de 2018

EL ÚLTIMO MENSAJE DE ALBERTO LLANOS PAREDES





Del Facebook de Mario Antonio Guimarey Schreiber / 30 de marzo: 

El 14 de este mes hicimos una bonita reunión de fraternidad los reporteros, camarografos, conductores, jefes y asistentes de prensa de Panamericana Televisión de los 80s.


Uno de los invitados fue Alberto, quien no pudo asistir por encontrarse muy delicado de salud.


HOY, nos enteramos que nuestro hermano de Panamericana partió a la eternidad.


Lo tenemos presente en sus excelentes reportajes tan apasionados e identificados con los pueblos más pobres, como solo el supo hacerlos.


En el almuerzo, leímos su último mensaje que él envió a mi correo.

"Amigos, compañeros todos:
Cuando supe por medio de Mario que se iba a realizar esta reunión, me inundó una enorme alegría pero a la vez, la triste realidad de no poder asistir por estar enfermo y lejos en Cajamarca. Sin embargo, estoy aquí con ustedes mediante la función de la palabra y porque nuestro corazón late todavía.
Reunión como ésta es original porque el periodismo peruano siempre tuvo que expresar sus glorias o sus tristezas mediante estas formalidades. Hoy, nos llamó la necesidad de volver a reconocernos y jurar sobre los principios que en la década de los 80 brillamos ya sea en las provincias, en el deporte, en la política y en todo hecho que se tiene que comunicar.
Es obvio que los tiempos cambian y que el hoy ya no es lo mismo que decir mañana. Hoy cambié al punto de admitir que la complicidad del tiempo, la hora y el lugar me reconocen el don de cambiar. El periodismo se somete a esos cambios y con ellos mantenemos la modernidad y la actualidad tan vitales para una sociedad que queremos hacerla mejor.
Compañeros, citas como estas nos entregan un conjunto de ideas, costumbres o usos que se consideran modernos o avanzados. Así es el periodismo que vivimos, aspiramos y que hasta a veces soñamos. GRACIAS."
Cajamarca, 8 de marzo de 2018

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Por su parte ENRIQUE MOYA BENDEZÚ a escrito:
ALBERTO LLANOS A MUERTO

Hasta hace seis años vivía en San Juan Bautista ,en un cuartito de una casa miserable .Estaba postrado casi paralítico , pasaba en día en una silla de ruedas ,una cuidadora lo atendía con poca diligencia y cuando le preguntaba por qué persistía en permanecer en Ayacucho cuando su hermana insistia en llevarlo a Cajamarca me respondia : por que amo a Ayacucho; aquí tengo mis amigos periodistas ,que nunca vienen a verte le decia; ya vendran respondía

Alberto tenia por Ayacucho un gran afecto; había crecido en la calle Cuzco con muchos jóvenes Huamanguinos que cuando el era brillante periodista y con el poder que da la notoriedad le buscaban para pedirle favores , pero que cuando enfermo se olvidaron de el .Desde su oficina del segundo piso del Centro Cultural Ayacucho atendía las noticias de esta ciudad y las enviaba pidiendo trato preferente a Lima para el circuito Nacional , defensor de los pobres , honesto se indignaba con la vulgaridad de los programas locales ;cultor de la musica Ayacuchana admiraba a Garcia Zarate y a Carlos Falconi de quien decia “ Como Sinatra el es la Voz” Un dia fuimos al aeropuerto a recibir el regalo de su hija un perrito Juguetón que el lllamo “Mio” que crecio compartiendo sus frugales almuerzos y lo acompaño hasta su muerte

Me visito en Puno quería hacer un especial sobre la Candelaria y como tejiendo un telar comenzó con la Virgen pequeñita pero bella luego ,el ensayo de los músicos de Acora y de las Tejedoras de Chuchito confeccionando los vestidos de las “chinas y el mascarero de Puno para regresar con la cámara a la Virgen y volver a los músicos y a las tropas de sicuris en marcha y a las bailarinas con los trajes de flores y colores y a los jóvenes colocándose la mascara de la diablada para terminar con la Virgen de la Candelaria y las comparsas en el estadio Torres Belon y en el parque Pino :Con ese especial gano el premio nacional de cortos

Extraordinario periodista engreído de los dueños de Paramericana, amigo de los Delgado Parker y de los mejores artistas de la tele ; fue el que produjo el primer programa nacional de “LA NOTICIA Y EL COMENTARIO “ que todos los viernes se pasaba a nivel nacional después del Panamericano su tema recurrente era el Peru profundo el de los pobres ,de los pueblos marginados y olvidados ;de las vicuñas de Pampa galeras en la mira de los cazadores del vuelo magestuoso de los condores en el Colca colca y de las focas en la bahía de Paracas en el mar encrespado y siempre Ayacucho, reclamando para el justicia y atención

Ojala que el olvido del Colegio de Periodistas sea reparado y lo honren no con una medalla, si no con la conducta que el reclamaba de ser veraces y hacer de la noticia un hecho humano y no un espectáculo a veces escandaloso

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CARLOS AÑAÑOS: "AYACUCHO SIGNIFICA UNA TAREA PENDIENTE"




El empresario ayacuchano, que trabajó por 29 años en AJE, la empresa familiar, dedica desde el 2017 todo su tiempo a apoyar a Ayacucho. El Comercio conversó con él.


Al otro lado del teléfono y a miles de kilómetros de distancia, Carlos Añaños recuerda que la historia de éxito de su familia no podría entenderse sin Ayacucho. Al frente del Patronato Pikimachay, el empresario se ha dedicado íntegramente desde hace casi un año a destacar y repotenciar los atributos de su tierra. Uno de ellos es la Semana Santa ayacuchana, que para él es simplemente “mágica”.
—¿Qué se imagina haciendo si estuviera ahí?
Si tuviera la suerte de estar en Ayacucho, me gustaría estar bañándome de las creencias y refrescando la fe que tengo. Podría visitar las iglesias, el complejo arqueológico de Wari, ver las puyas de Raimondi y, por supuesto, disfrutar del helado mayuchi y el chorizo ayacuchano, infaltable en estos días. En Ayacucho, la Semana Santa es una fiesta no solo católica, sino de integración, y la mejor manera de vivirla es disfrutando.

—El patronato usa mucho la frase “Algo está pasando en Ayacucho”. ¿Qué es eso que está pasando?
Muchas cosas buenas. Ayacucho es un lugar que ha sido golpeado. Vivimos la época del terrorismo y luego una época de olvido. Tenemos un departamento con un ingreso per cápita que está por la mitad del ingreso per cápita del resto del país. El concepto de “algo está pasando en Ayacucho” nos ayuda a unir fuerzas, pero no solo son medidas concretas. Se trata de la unión de personas desprendidas, de empresas, de ciudadanos que se están sumando a este proceso para lograr un cambio en Ayacucho.

—¿Qué lo motiva a usted a hacerlo? 
Mi objetivo es ser feliz y para ser feliz tienes que estar en equilibrio. Yo hice una carrera, una vida de empresario, trabajé en AJE por casi 30 años. He sido obrero, vendedor, chofer, jefe de planta, jefe de producción y luego dirigí todo el desarrollo internacional del grupo. El éxito profesional es solo un aspecto. También tienes que lograr el éxito con tu familia, tienes que sentirte cómodo en tu entorno, con los que te rodean. Pero para alcanzar el equilibrio personal también necesitas servir, sentir que eres útil para algo, que eres útil para tu sociedad, para tu pueblo, para la ciudad que te vio nacer. Uno no puede ser ajeno a su gente, sobre todo si tiene las condiciones o la capacidad de ayudar o de dar. A mí me faltaba ayudar a mi tierra.

—¿Ha cambiado su visión del éxito?
Mucho. De repente el éxito antes era empezar a trabajar un producto, lanzar una marca o ganar dinero, tener un buen puesto en la empresa. Cuando era chico, probablemente pensaba así, pero hoy el éxito para mí es realmente hacer lo que me gusta, lo que me hace feliz y cuando haces lo que te gusta y lo que te hace feliz, pues los resultados son positivos. No creo que el éxito esté ligado a ganar más dinero.

— Y una de las cosas que lo hacen feliz es Ayacucho. ¿Qué representa para usted? 
Para mí, Ayacucho significa una tarea pendiente. Ayacucho es un departamento rico. Se sabe por los expertos e historiadores que el hombre de Ayacucho vivió en las cuevas de Pikimachay, que quiere decir cueva pequeña, hace 20 mil años. Ayacucho es un libro abierto de 20 mil años, un libro rico y único que nos une.

—También es un lugar que sufrió mucho.
La época del terrorismo fue muy dura para los ayacuchanos, fue muy dura para mí y para mi familia. El terrorismo destruyó el tejido empresarial, el tejido industrial, la sociedad, destruyó las familias. La sociedad se resquebrajó. Todo ese proceso de destrucción ha costado. Yo creo que ahí hay un gran dolor todavía y por ello insistí en buscar para el patronato un propósito. Y el nuestro es poner en valor a Ayacucho para que eso se traduzca en una mejora en la calidad de vida de los ayacuchanos. Ese es mi sueño.

—¿Cómo espera lograrlo?
En el patronato, hemos definido cuatro pilares. El primero es buscar que Ayacucho sea reconocido patrimonio mundial por la Unesco, lo que atraería inversionistas. Otro pilar es acercar la artesanía al arte. Tenemos talentosos artesanos, expresiones artísticas muy reconocidas como el retablo ayacuchano, las tablas de Sarhua. Lo que queremos hacer es repotenciar ese talento. El tercer pilar está vinculado al concepto de Smart City. Ayacucho será la primera ciudad digital del mundo. Otro proyecto es una herramienta de seguridad que llamamos Tukuyricuj, que quiere decir “el que todo lo ve”. Se trata de una aplicación para celular que permite denunciar crímenes. El cuarto pilar es lo que llamamos Marca Ayacucho porque tenemos cerca de 1.800 hectáreas de quinua orgánica, más de 3.800 variedades de papa, la palta Hass, la lúcuma ayacuchana. Tenemos muchos productos y necesitamos ponerlos en valor.

—¿Cómo ha sido para usted este primer año dedicado de lleno al patronato?
Fantástico. Hemos tenido una acogida muy cálida en Ayacucho. Además, he podido reencontrarme con muchos amigos. Me siento feliz porque los ayacuchanos se están juntando. Hemos firmado convenios con muchos organismos, universidades, organizaciones juveniles y todo da frutos porque en el 2017 hemos podido ver un crecimiento del turismo, 21% a nivel anual y cerca del 35% en el segundo semestre del año. Yo creo que el ayacuchano ya estaba con ese hambre de que algo había que hacer. Y como les digo a todos yo creo que los únicos que van a cambiar a Ayacucho son los ayacuchanos.

—Su vida de empresario lo llevó a asentarse en Madrid, ¿cómo ha sido su vida allá?
Ya tengo 12 años viviendo en España. Mi vida es maravillosa. Tengo cuatro hijos fantásticos y mi mujer, Carolina, que también es digna descendiente de Pikimachay. Elegí España porque cuando vivía en México e iba a Tailandia o Indonesia perdíamos casi una semana viajando, por eso decidí venir a Europa y desde aquí tuve la suerte de recorrer el mundo. He ido a cerca de 100 países y volado 480 mil kilómetros. En total pasaba 200 días fuera de casa al año.

—¿Qué siente cuando regresa a su barrio de San Miguel?
¡Uff! Por un lado, felicidad y nostalgia porque soy un orgulloso sanmiguelino, pero a veces también me siento triste porque hay tantas cosas que mejorar. Cuando vuelvo a Ayacucho, disfruto ver a mis amigos, caminar solo. A veces veo a la gente caminando y me veo a mí mismo años atrás. También adoro saborear un patachi, una sopa de calabaza. Los platos que se comen en el campo son manjares. Definitivamente, cuando estoy en Ayacucho, intento aprovechar el tiempo al máximo. 

PERFIL
Nací en 1963 en el distrito ayacuchano de San Miguel, en La Mar. Trabajé 29 años en AJE, la empresa familiar, pero desde el 2017 dedico todo mi tiempo a apoyar a Ayacucho. Vivo en Madrid con mi esposa y mis hijos y una de las cosas que me hacen feliz es volver al lugar en el que crecí.

lunes, 26 de marzo de 2018

"GENTE QUE MIRA LAS ESTRELLAS", POR JERÓNIMO PIMENTEL

Oscar Wilde decía: “Todos estamos en el fango, pero algunos miramos las estrellas”. Luego de la renuncia de PPK, provoca tomarlo en serio por una vez.
Una de las grandes carencias en la educación peruana es la falta de cultura científica. No es un tema reciente. Balo Sánchez León contaba, hace unos años, cómo las becas internacionales para Latinoamérica, en los años sesenta y setenta, se dividían más o menos de la siguiente manera: las de humanidades a Perú y Chile; las de ciencias naturales a Argentina y Uruguay. La generalización es tosca, pero va sustentada en algunos datos: es inexplicable que Borges no haya ganado el Nobel de Literatura, pero Houssay y Milstein obtuvieron el de Medicina, y Leloir, el de Química
El problema aquí es transversal. Por un lado, la educación en la escuela pública aún es incapaz de introducir sin vergüenza las bases de la teoría evolutiva, quizá como un atavismo religioso. Por otro, la universidad, en su afán de especialización, segmenta el conocimiento de tal manera que los estudiantes de Letras, por ejemplo, hasta hace poco apenas debían llevar un curso de Matemáticas que no tenía propósito claro. Cuán distinto hubiera sido intercambiar esa enseñanza por filosofía de la ciencia o una introducción al darwinismo. Con todo ello, debo añadir que tuve suerte: el profesor Pavletich, en su excentricidad, tenía aciertos memorables. Uno de ellos fue: “La cuarta dimensión es el bote de una pelota”.
Quien escribe está lejos de ser un especialista, pero quizá la curiosidad haya sido suficiente como para recomendar una biblioteca mínima que sirva, además, de tributo a Stephen Hawking. Tratar de entender el mundo es una obligación moral; resignarse a la ignorancia, una condena cívica.
* El universo y el doctor Einstein, de Lincoln Barnett. El exeditor de la revista Life ha realizado el que tal vez sea el mejor esfuerzo para introducir al lector no especializado en los principales aportes de Einstein, como la naturaleza dual de la luz y la teoría especial de la relatividad. Su didáctica explicación de cómo difieren la gravedad de Newton (una fuerza) de la de Einstein (una deformación del continuo espacio-tiempo) es brillante. En La vida de un genio, Isaacson ofrece una biografía meritoria; y en Einstein para perplejos, Edelstein y Gomberoff aportan contexto e ideas.
* Breve historia del tiempo, de Stephen Hawking. Hawking baja al llano y aporta el que, junto a Cosmos de Sagan, será el acto más popular en la historia de la divulgación científica del siglo XX. El opúsculo logra el difícil equilibrio de entretener sin ser ligero, y a la vez aporta más conocimiento del que el lector cree: el principal, quizá, es cómo la humanidad ha logrado desarrollar hipótesis sobre todas las fuerzas que interactúan en la naturaleza, pero los marcos que las explican independientemente no son compatibles entre sí (no existe una “teoría del todo”). Debería ser lectura obligada en cuarto o quinto de media.
* El gen egoísta, de Richard Dawkins. Es una obra maestra que expone una hipótesis aterradora pero ortodoxamente darwiniana: los hombres no somos más que una suerte de robots programados para transmitir nuestra carga genética de una camada a otra; es decir, el “sujeto” de la selección natural es el gen, no el individuo ni la especie. La demostración es rigurosa, y el estilo, impecable. Dawkins propone también la solución al determinismo genético: la cultura.
* La estructura de las revoluciones científicas, de Thomas Kuhn. Acaso la obra de la filosofía de la ciencia más importante del siglo XX junto con La lógica de la investigación científica, de Popper. Kuhn propone que la ciencia no “avanza” por acumulación de información, sino que cambia de paradigma a través de la detección de anomalías; Popper, en cambio, propone que el “avance” se da por crítica y descarte: para que una proposición sea científica tiene que poder ser refutada. Ambas posiciones son excluyentes entre sí y aún generan debate, pero leerlas en contraste provoca placer.
* Los sonámbulos, de Arthur Koestler. Es un profundo recuento de cómo el hombre ha pensado el universo, lo que resulta en una bellísima historia cultural de la cosmovisión humana. El punto de partida de Koestler fue precisamente la división entre ciencia y humanidades, lo que lo llevó a completar el vacío con este ensayo que empieza en Babilonia y que alcanza su cumbre cuando aborda a Kepler, Copérnico y Galileo. La edición de Conaculta es un lujo que todos se deberían permitir.
* De la naturaleza de las cosas, de Lucrecio. Poema escrito en hexámetros que expone una física inspirada en el atomismo y una moral influida por Epicuro. Es una de las primeras obras latinas en plantear una visión del universo en la que los fenómenos ocurren sin intervención divina. Es posible abordar el texto hoy desde la literatura, pero sería perderse mucho: pocas veces la ciencia y el arte han sido la misma cosa. Stephen Greenblatt en El giro ha escrito un fantástico ensayo sobre cómo el redescubrimiento del manuscrito en el siglo XV permitió reintroducir las ideas de Lucrecio en Occidente y gatillar la Edad Moderna.
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jueves, 22 de marzo de 2018

DÍA MUNDIAL DEL AGUA: 22 DE MARZO

Hoy 22 es el DÍA MUNDIAL DEL AGUA ...














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lunes, 19 de marzo de 2018

DIA INTERNACIONAL DE LA FELICIDAD: ZONAS DE AYACUCHO ENTRE LAS MÁS INFELICES DEL PERÚ




El martes 20 de marzo es el "Día Internacional de la Felicidad" e hicimos dos cosas: Revisar los antecedentes de la fecha en ONU y luego ver cómo estamos en el país respecto al tema. Gracias a un reportaje de "Somos" de "El Comercio" se desprende que en Ayacucho no somos tan felices que digamos. El ¿por qué? se lo dejamos a los expertos ... ¿Será porque no tenemos presidente regional o alcalde provincial de Huamanga? . Vaya usted a saber jovencito .....
Imagen: "Somos" 17-03-18

Antecedentes
La Asamblea General de la ONU, en la resolución 66/281 decretó en 2012 el 20 de marzo como el Día Internacional de la Felicidad, para reconocer la relevancia de la felicidad y el bienestar como aspiraciones universales de los seres humanos y la importancia de su inclusión en las políticas de gobierno. La resolución reconoce, asimismo, la necesidad de que se aplique al crecimiento económico un enfoque más inclusivo, equitativo y equilibrado, que promueva el desarrollo sostenible, la erradicación de la pobreza, la felicidad y el bienestar de todos los pueblos.


¿Qué es el Día de la Internacional de la Felicidad?
¡Es un día para ser feliz, naturalmente! Desde 2013, las Naciones Unidas han celebrado el Día Internacional de la Felicidad como reconocimiento del importante papel que desempeña la felicidad en la vida de las personas de todo el mundo. En 2015, las Naciones Unidas lanzaron los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible que pretenden poner fin a la pobreza, reducir la desigualdad y proteger nuestro planeta —tres aspectos primordiales que contribuyen a garantizar el bienestar y la felicidad—.

¿En qué puesto estamos en el Ránking Mundial de la Felicidad?

En el Reporte Mundial de la Felicidad 2018, el Perú se ubica en el puesto 65 de 156 países, dos puntos debajo de la medición del 2017.  ¿Cuánto lesiona la corrupción a la autoestima nacional? ¿Es posible ser felices por un álbum de figuritas en tiempos de vacancia ?



 Oscar García / "Somos" de "El Comercio"


La última vez que los peruanos fuimos completamente felices, hicimos temblar la tierra. Un golazo de Jefferson Farfán ante Nueva Zelanda bastó para liberar, de soberbio patadón, décadas de alegrías deportivas reprimidas y exorcizar humillaciones nacionales varias. Fue el tiempo de levantar la ominosa cerviz. Tan felices estuvimos los peruanos en ese momento que el salto colectivo de júbilo activó los acelerómetros del Instituto Geofísico del Perú. La felicidad se convirtió así en vibración, y la algarabía reprimida, en orgasmo. Habíamos clasificado por hechos tan meritorios como fortuitos, pero nada importaba. Lo celebramos hasta morir como si hubiéramos ganado la Copa del Mundo.
Esto pone a prueba un punto interesante: si este país no se ha caído a pedazos todavía, con todas sus desgracias históricas y endémicas, es porque los peruanos hemos sabido celebrar esas pequeñas victorias y aprendido a ser alegres como una estrategia evolutiva. Una que ha sido labrada a la luz de nuestra historia peculiar, en donde se cuentan genocidios, corrupción, desigualdad, injusticia, terrorismo y leche ENCI. Si hemos podido sobrellevar todo eso y seguir con la vida, provoca decir que podemos superar cualquier cosa. 
Ocurre que, contrario a lo que decía cierto presidente, el peruano está lejos de ser ‘una raza triste’. Las estrategias para sobreponernos al apocalipsis económico y moral son materia de asombro y estudio para la academia, sobre todo desde que se empezaron a sistematizar los estudios sobre la felicidad. “Latinoamérica es la región más feliz del mundo, mientras que Estados Unidos, algunas zonas de Europa y el Africa subsahariana están entre las más infelices del planeta. Según nuestros estudios, Huancayo es la ciudad más feliz del país y Cusco la menos feliz”, sentencia Jorge Yamamoto, psicólogo social y profesor en la Universidad Católica.  
Yamamoto realizó en el 2011 un estudio que encontró que la ciudad de Huancayo y algunas zonas del Valle del Mantaro son las más felices del país. La razón se encuentra en ciertas características de la cultura wanka, como la autoestima adecuada, entendida como la persona que está feliz con lo que es, sabe de dónde viene y no se siente menos que nadie. “El huancaíno es una persona que chambea duro y es reconocido por eso; es una sociedad meritocrática, en donde si trabajas, eres bien visto, vengas de donde vengas. Se insertan en la modernidad sin olvidar sus costumbres. Además, es una sociedad que sabe celebrar mucho. Trabajan duro pero también juerguean duro, sin que esto signifique que se cometan excesos”. La contraparte de esto se encontraría en el sur andino, en las ciudades de Cusco y algunas zonas de Ayacucho, en donde se registraron bajos indicadores de bienestar, relacionados con la jerarquía de esas sociedades, en las que importa mucho tu apellido, tu abolengo o de donde vienes. 
“Encontramos que en algunas caletas de pescadores y en algunas comunidades andinas, la felicidad era tan plena, porque el cerebro estaba en sintonía con la naturaleza, que ni se preguntaban por la felicidad, porque eran naturalmente felices”, recuerda. Con perdón a la memoria de don Luis Abanto Morales, valses como su Cholo soy y no me compadezcas sentarían pésimo en lugares así.
Jodidos, pero contentos: el secreto de la felicidad

​El miércoles fue publicado en Roma el Reporte Mundial de la Felicidad 2018, un informe preparado por la Red de Soluciones de Desarrollo Sostenible de Naciones Unidas y otras instituciones abocadas a la investigación en este campo. El dato que nos interesa es que nuestro país figura en el puesto 65 en el Ránking de la Felicidad, de un total de 156 países, en donde Finlandia sobresale por ser el punto más feliz del globo y Burundi el lugar más miserable del planeta. Como suele suceder, los países nórdicos y sus políticas orientadas al bienestar brillan en el top 10 (Noruega, Dinamarca, Islandia, Suecia), pero también aparecen Suiza, Holanda, Canadá, Nueva Zelanda y Australia, mientras que los de África aparecen en la cola.


El reporte mide lo que en los últimos años se ha llamado el ‘bienestar subjetivo’, que es donde los encuestados mismos evalúan su propia vida, sus metas y su satisfacción, ademas de otras variables más objetivas y caras a los economistas como el ingreso, la expectativa de salud y de vida, la seguridad social, así como la libertad, la generosidad y la ausencia de corrupción. En la inestable era de Pedro Pablo Kuczynski, el Perú ha caído dos puntos en este listado mundial, pero es un declive pequeño, para nada comparable al desbarranque de Venezuela, el país más infeliz de la región latinoamericana, que cayó 30 peldaños (puesto 102) con respecto a la anterior medición. El desplome es tal, que superó al de países en guerra como Siria y Yemen.
El mismo informe indica que, a nivel regional, Latinoamérica es uno de los lugares en donde se reportan mayores niveles de felicidad, pese a sus males recurrentes, como el alto índice de corrupción y de criminalidad, la debilidad de las instituciones políticas, la desigualdad en la distribución de la riqueza y más. “De hecho, la felicidad en Latinoamérica podría ser mucho mayor si estos problemas se resolvieran apropiadamente”, asegura Mariano Rojas, autor del capítulo que versa sobre esta parte del mundo.
Sucede que nuestros países han desarrollado un bastón casi invencible para conjurar cualquier tempestad que nos deprima. Ese secreto radica en nuestra propensión a apoyarnos en la familia y en los amigos cuando tenemos problemas, un privilegio que las sociedades occidentales del primer mundo han ido perdiendo en su loca carrera por la independencia y el individualismo. El estudio hace notar, por ejemplo, lo tarde que los latinoamericanos dejamos el hogar paterno y cómo incluso algunos nunca lo dejan. Si la familia crece, se agranda la casa o se levantan más pisos, pero la familia permanece unida. Hay que notar, además, la famosa ‘calidez’ a la que aluden los turistas y artistas extranjeros cuando caen por estos lares. Todos se sienten bendecidos por un amor ubicuo que flota en el ambiente. Esto no se experimenta en Japón, Europa u otras sociedades en donde incluso la distancia socialmente aceptable entre los cuerpos suele ser mayor que la de los latinos, quienes no dudan en abrazar a un desconocido como si fuera su hermano de toda la vida. 
En busca de las bases biológicas de la felicidad

Los avances científicos en el campo de la felicidad están tan avanzados que hoy tranquilamente se podría crear una nación entera de seres felices, solamente estimulando con electrodos ciertas zonas del cerebro que producen los denominados neurotransmisores de la felicidad: dopamina, serotonina y oxitocina. El último es especial porque se genera cuando nos refugiamos en los amigos y la familia y se siente un bienestar. El problema ahí sería de orden moral, porque manipulando el cerebro estaríamos creando una serie de robots felices, o de ‘tontos alegres’, que vivirían como drogados y serían indiferentes a su entorno.


“La felicidad es un potente indicador emocional de cómo está avanzando tu vida según tus metas. Y por eso la infelicidad es importantísima, porque te va marcando cuándo tu vida se está desviando de una debida adaptación”, dice Yamamoto, que no cree que la felicidad sea un bien supremo a buscar, por el ejemplo de los ‘tontos alegres’. Lo ideal sería aprovechar la infelicidad como termómetro para hacer cambios a tiempo. 
El reto es cómo ser felices ante un panorama tan desolador como el Perú en estos días, en que si bien la economía se encuentra estable, las noticias de corrupción, inseguridad social e inestabilidad política son fuente constante de desasosiego. ¿Puede uno reírse si no sabemos qué presidente conducirá nuestro destino el próximo mes? ¿Se puede uno refugiar en el placer hedonista de coleccionar un álbum de figuras de fútbol cuando el sistema parece colapsar? Una primera respuesta es sí, y tiene que ver con el humor, ese gran sanador de las heridas nacionales.
Los estudios indican que algunas profesiones de muy alto riesgo, como la que ejercen quienes desactivan explosivos o los que trabajan en salas de emergencias, desarrollan un sentido del humor bastante negro que les permite capear los vendavales sin afectarse emocionalmente. El riesgo ahí es no caer en el cinismo, que puede ser muy nocivo por su inclinación a la filosofía del ‘sálvese quien pueda’. Durante años los programas de humor de corte político parecían servir como válvulas de escape para esos tiempos de zozobra emocional. Y no extraña que quizá la mejor época del humor político en TV se diera durante el desastre económico de 1985-1990, cuando programas como Risas y salsa dieron el vuelco de los sketchs a la sátira política.  
“Así como la clasificación de la selección fue un momento de felicidad para los peruanos, necesitamos un proyecto nacional para la búsqueda de la felicidad”, dice Yamamoto. Este tiene que ver con aprender a hacer las cosas bien, con no trasgredir las normas, con respetar las reglas de tránsito y enseñarles valores a los hijos. Tiene que enseñarnos que aceptar coimas está mal, más aún cuando se es autoridad de un país. Cuando ese partido inicie, acaso tocará cantar esos goles con más fuerza y convicción. 
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